Gran Torino, resumen de una carrera.

Salgo de acabar de ver la última película del gran Clint Eastwood. Lo primero que tengo que decir es que, sin ser una obra maestra, sí es de agradecer que en el encefalograma plano en el que se ha convertido el cine actual, sí se agradece que haya alguien se sepa dirigir una cámara, recrear unas situaciones, reflejar la humanidad de una historia aparentemente modesta, pero que le sabe dar la atmósfera adecuada en cada momento y contarlo sin frialdad, donde la humanidad se impone a la aparentemente confrontada realidad cultural de los presentes.
En cuanto al personaje, creo que aparte de hacer una historia relativamente previsible, sí sabe darle el toque preciso en cada momento, reflejar las contradicciones del personaje entre sus convicciones conservadoras y lo que ha cambiado el mundo a su alrededor, de sus denostados nuevos vecinos, de su círculo tradicional transformado no siempre para bien (como ocurre con su familia biológica). Lo curioso es que en esta película, Eastwood hace guiños constantes a su carrera, a ratos parece que va a volver Harry el Sucio, con el rifle por delante y disparando antes de preguntar. Pero se le nota que no está del todo cómodo con su rol de antaño. A ratos lo reivindica y a ratos lo reniega. Este renegar del pasado violento ya lo hizo explícitamente en Sin Perdón, y aquí se acentúa con un final previsible a medias. Se sabe que habrá tiros, pero nadie cree que el héroe de toda la vida vaya a ser abatido, pero lo hace con la diferencia de que muere consiguiendo su objetivo, tanto con respecto a lo que defiende, como a sí mismo, haciendo una redención completa de sus actos.
Es precisamente ese autohomenaje lo que pudiera parecer criticable, como si fuera aquel film del inspector Closeau que se hizo una vez muerto Peter Sellers, pero Eastwood sabe salir airoso y satisfacer a sus incondicionales . Esos gestos con la pistola al estilo Harry el Sucio, ese lenguaje soez estilo Sargento de Hierro, esa mirada melancólica del tipo aparentemente duro que se veía en Sin Perdón, ese buscar la redención en jóvenes que parecen no caer bien a la primera pero que acaba rindiéndose a la constancia, encontrando en sus vecinos asiáticos el amor filial que no consegue en sus hijos naturales por culpa propia o ajena (como en A Million Dolar Baby). Esos detalles, aunque no sean originales, no tienen precio, porque son los mismos que nos han hecho conmover durante décadas. Por eso, en cierta forma, esta película es un resumen (con forma y argumento independiente), de la carrera de su director y protagonista. Crespuscular, sin ser una obra maestra, la sensación es maravillosa... aunque triste, ya que mucho me temo que por su edad (a punto se ser octogenario), parecen inducir a una pronta retirada del maestro de la cámara y la interpretación.

"2s_El ChUsI_2s" dijo
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28 Marzo 2009 | 03:50 PM